Premios Goya 2018: muchos vascos, dos monos y una librería

Acompáñenos a ver una triste historia. La historia de una noche que prometía reivindicar, entretener y visibilizar pero que terminó con media España tapándose la cara de vergüenza y echando de menos el rap de Resines. Así que crucemos la puerta del Imaginarium circense para analizar la trigésimo segunda edición de la fiesta (o guateque) del cine español.

El “humor” chanante

Nerviosos, aburridos y un pelín casposos. Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla fracasaron en todos y cada uno de sus intentos de hacer humor. Tampoco ayudó el guión de la gala: contradictorio, lento y con frases de reivindicación feminista metidas con calzador. Boyero lo comparó con el parto de un caballo (le agradecemos la imagen mental), pero fue la actriz y directora Leticia Dolera quien lo definió a la perfección al felicitarlos porque “está quedando un campo de nabos feminista precioso”.
Gracias a gags de gente vomitando sobre el Langui, recordatorios de que los vascos no follan y frases tan ingeniosas como “Espera Emily Mortimer, que Paco Plaza se ha quedado mortimer”, los manchegos nos demostraron que retroceder en el tiempo no es algo exclusivo de Marty Mcfly.

Emily Mortimer hablando en vasco.

No hay nada que le guste más a la academia que invitar a actores internacionales para no premiarlos. Emily Mortimer y Bill Nighty (protagonistas de La Librería) sonrieron amablemente durante las tres horas en las que no se enteraron de nada, a pesar de los intentos de Coixet por traducirle “las bromas” de los presentadores, y aplaudieron como los que mas cuando los grandes favoritos de la noche (Nathalie Poza y Javier Gutiérrez) se hicieron con los galardones interpretativos.

You can call me Paca.

El objetivo de esta profesión no son los premios, el objetivo de esta profesión es ganar dinero”. Paquita Salas, directora de PS Management, llegó, vió y conquistó a la audiencia con un copazo de Larios en una mano y un plato de torreznos en la otra. El personaje de ficción, creado por Los Javis e interpretado por Brays Efe, fue lo más auténtico de toda la gala criticando con humor a la industria cinematográfica y recomendando a todos los presentes que nunca dijesen que no a “unos pasapalabras”.

Marisa Paredes, siempre reinarás.

El Goya de honor de la ceremonia fue a parar a manos de la veterana actriz, la cuál aprovechó la ocasión para recordar que, a pesar de sus cincuenta y ocho años en la profesión, nunca había sido premiada. Musa de Almodóvar y actriz reconocida en el cine francés e italiano, Paredes reivindicó que es mucho más que una “mujer elegante”, recordó su polémico discurso del No a la Guerra y demostró que se puede hacer un discurso épico en un par de minutos. Aprende Ana Belén.

Los discursos de Coixet y Simón

Las victorias de La Librería y Verano 1993 en los apartados de dirección, película,interpretación,guión y dirección novel sirvieron para que las reivindicaciones feministas no se quedaran en abanicos y chascarrillos. La visibilidad como única manera de terminar con la discriminación fue la base del discurso de Isabel Coixet, que agradeció su premio a todas las señoras que acuden al cine incondicionalmente y en especial a su madre, que durante años le repetía “deja a la niña que lea, que para algo le servirá”.

Carla Simón ya llegaba a la gala como gran favorita a alzarse con el Goya a mejor dirección novel pero se emocionó como la que más cuando recogió el “cabezón” de manos de sus admiradas Paula Ortiz y Leticia Dolera. Además de mencionar a las niñas de la película, Simón aprovechó el momento para recordar a sus padres biológicos y a toda la generación que murió por culpa del sida. “Quiero dar fuerza a toda la gente que vive hoy con VIH, creo que es muy absurdo que tenga hoy un estigma. No pasa nada por vivir con el VIH”.

Julita Salmerón, dueña de nuestros corazones

En una noche orientada a celebrar a las mujeres de la profesión, la máxima estrella fue una ama de casa llamada Julita. El documental Muchos hijos, un mono y un castillo de Gustavo Salmerón se alzó con la estatuilla y nadie mejor que la protagonista del mismo y madre del director para agradecerlo. Julita brilló como nunca, aprovechó para recordarnos que había perdido seis kilos, que Javier Bardem era el segundo hombre mas guapo del mundo después de su marido y que no tenía ni idea de donde iba a poner el Goya.

Joaquín, Ernesto, así es como se hace.

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