Mindhunter, una clase práctica de psicología criminal

“¿Que hay en la maldita caja?” Una pregunta con la que David Fincher traumatizó, hace más de veinte años, a una generación que aún no se había recuperado de la muerte de Mufasa. En los noventa, Seven se coronó como una reflexión angustiosa que no se limitaba a coquetear con lo siniestro, sino que se instalaba de lleno en la oscuridad. De esta visceral base policíaca nace Mindhunter, la última colaboración del aclamado director con Netflix que llega dispuesta a adentrarse en la mente de los asesinos en serie más célebres de la historia del crimen estadounidense.

Años 70, cuando la guerra de Vietnam daba sus últimos coletazos y la tecnología comenzaba a hacerse un hueco en los hogares americanos. En Quantico, sede central del FBI (dato ya conocido por los fans de Mentes Criminales), el departamento de ciencias del comportamiento inaugura la unidad de estudio de asesinos secuenciales. Los agentes Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) encabezan esta revolución de las técnicas de investigación, interrogando a algunos de los asesinos más famosos del momento. Una especie de road trip en el que los investigadores tratarán de romper con la idea instaurada de que la maldad existe por naturaleza y que calificaba a los psicópatas de meras manzanas podridas.


Una historia más de oficinas que de persecuciones en la que no existe regodeo ni violencia gratuita. La premisa inicial, “¿cómo vamos a adelantarnos a los locos si no sabemos como piensan?” acaba convirtiéndose en el mantra de Ford, quien se entusiasma ante la posibilidad de aplicar en casos reales lo que están aprendiendo en las entrevistas. La excitación del joven agente al darse cuenta de que está en terreno inexplorado hace que olvide por momentos que las víctimas de estos psicópatas no son teóricas y de que está trabajando con personas, no con símbolos.

Un relato reflexivo y bellamente reflejado en unos personajes profundos y pulidos que nos permiten embarcarnos en una aventura compleja, pero a su vez fácil de seguir y que no rebaja nuestras expectativas.

Además de un Fincher en estado de gracia (que no tocaba el género policíaco desde Zodiac), el proyecto cuenta con directores de la talla de Asif Kapadia (Amy), Tobias Lindholm (La Caza) y el brillante guión de Joe Penhall (The Road). Las retorcidas conversaciones y las largas miradas de tensión no serían las mimas sin un casting en estado de gracia, entre los que destacan Jonathan Groff (Looking, Glee), Holt McCallany (uno de los secundarios predilectos de Fincher), Anna Torv (Fringe) y un impactante Cameron Britton que nos pone los pelos de punta con cada aparición.

Porque en Mindhunter lo peor siempre ocurre en nuestra cabeza. Las acciones de los asesinos se representan porque ellos mismos se las cuentan a los agentes, y de una manera tan gráfica que el horror queda perfectamente patente. Una serie que huye del actual sensacionalismo y se desarrolla a fuego lento para que los amantes del thriller policíaco podamos degustar cada detalle con rigor, pulcritud y al ritmo de Janis Joplin. 

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