¿Un álbum al año? King Gizzard And The Lizard Wizard presenta su cuarto trabajo de 2017

💛: 8,5/10

Los psicodélicos rockeros australianos King Gizzard And The Lizard Wizard están a punto de conseguir su propósito para 2017. Se retaron a sacar cinco álbumes durante el mismo mismo año y el cuarto, Polygondwanaland, acaba de ver la luz.

Los empecé a escuchar en febrero, tras comprar por curiosidad su primer trabajo del año, Flying Microtonal Banana (2017), una obra experimental con nueve canciones que exploran el mundo de la microtonalidad con un perfil rockero muy rítmico, aventurándose en sonoridades turcas y árabes. Ya en junio publicaban Murder of the Universe (2017), un álbum compuesto en tres actos (cada uno con su propio CD) sobre androides y el universo, de corte metalero pero con voz hablada. Más tarde, colaboraron con Mild High Club para traernos Sketches of Brunswick East (2017), teñido de jazz y con métricas imposibles de seguir (y digo imposibles porque, a día de hoy, aún me equivoco contando en ‘Countdown’). Ahora el lore del Gizzverso se amplía significativamente al publicar Polygondwanaland, un álbum de rock progresivo y alternativo que, manteniendo los compases asimétricos y ritmos complejos, recuerda un poco más a Nonagon Infinity (2016).

El álbum abre con ‘Crumbling Castle’, una pieza de diez minutos que, al igual que todas las del álbum, narra una misteriosa historia que tardaré en descifrar. “No quiero ser un ruinoso, ruinoso, ruinoso castillo” canta Stu más o menos a los siete minutos. Todos estos temas retorcidos, de polirritmos rebuscados y letras enigmáticas, nos transportan al universo Gizz de una forma que se echaba de menos tras Sketches of Brunswick East.

En temas como ‘Inner Cell’ el grupo explora una mezcla entre la guitarra acústica y la eléctrica, entre las escalas occidentales y las orientales, dando lugar a una combinación agradable y a un choque de dos sonoridades opuestas que, curiosamente, suena bien. Determinados y dispuestos a innovar en el mundo del rock progresivo, crean estructuras totalmente anárquicas que beben del rock matemático y del jazz. Las flautas traveseras siguen presentes en algunas canciones, pero si lo último que escuchaste fue Sketches of Brunswick East… Prepárate: no hay punto de comparación.

Hay que destacar también que el trabajo lo anunciaron dos días antes de publicarlo, y han dicho que es gratis, que nos la deben. Según su página en Facebook, no harán copias físicas, y se puede hacer con las canciones lo que se quiera porque ya no son de ellos, sino del público. Se pueden descargar legalmente, ilegalmente, usarlas en vídeos, remezclarlas… Pero a pesar de que a ellos este les dé igual, no por ello hay que menospreciar este álbum, que aunque no es el mejor de sus trabajos, no se queda demasiado lejos de la maravilla que es Nonagon Infinity. Tremendo trabajo musical se han montado aquí los australianos. Seguimos esperando el quinto… ¿Será un álbum de Navidad? Podrían cantar canciones tradicionales y estoy seguro que sería una gozada de trabajo.

Canción favorita: ‘Crumbling Castle’

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