El político que quiere ser Don Pelayo

El proceso soberanista catalán ha tenido varias implicaciones. La pésima gestión del gobierno ante una Generalitat Catalana cada vez más adusta nos ha llevado a un 1-O esperpéntico que ha colocado a España en las portadas de todo el mundo. Las banderas han vuelto a adquirir su cariz más pernicioso y lo que comenzó como una fricción entre nacionalismos ha pasado a convertirse en una colisión de identidades que tendrá consecuencias irreversibles para España.

Dentro de una sociedad cada vez más polarizada, ha emergido una figura a la que considero necesario señalar. Santiago Abascal ha conseguido subirse a la ola de nacionalismo identitario español y convertirse en la personalidad alt-right  que los medios pedían. Este ideario ha sido abandonado a su suerte por un Partido Popular demasiado acostumbrado a la política de negar, callar y esperar. El líder de VOX ha encontrado su oportunidad.

VOX se funda reivindicando la recuperación de la identidad española frente a la percepción de la inmigración (musulmana en especial) como problema nacional y como futura desintegradora de la civilización occidental. Un discurso que derrocha odio hacia el Islam, el cual es considerado como la máxima amenaza a la identidad nacional, enarbolando la Renconquista como elemento simbólico de cohesión española. Sus premisas coinciden bastante con otros partidos de extrema derecha europea como el Frente Nacional francés o el Partido de la Libertad neerlandés.

En 2014, un año después de su fundación, el  VOX conseguiría su mejor resultado en las elecciones europeas. Debemos señalar  que en dichas elecciones no se le suele dar tanta importancia al “voto útil”. Se quedarían a 1.500 votos de contar con representación, y a partir de ahí vivirían un proceso de desgaste que concluiría en un resultado de 57.000 votos en las elecciones nacionales de Diciembre de 2015. Tras repetirse los comicios en Junio del año siguiente, confirmarían su caída en el olvido, perdiendo 10.000 votos respecto a las anteriores.

Vida, familia y religión son valores que el Partido Popular ha sabido mantener bajo su ala, lo que puede explicar que en España partidos a su derecha no hayan podido asentarse. Hasta ahora. Recientemente, VOX ha experimentado un crecimiento sustancial. En el último mes y medio ha visto como sus filas se han engrosado en un 20%, alcanzando los 4.119 afiliados. Asusta más el porcentaje que el número, pero cuanto más se agrave el problema entre naciones, más aprovechará el partido para seguir enarbolando la bandera española y así colocarse como cabeza de una patria que cada vez más españolistas ven huerfana.

Santiago Abascal, después de su multitudinaria comparecencia ondeando la rojigualda en la Puerta del Sol el pasado 30-S, ha decidido plantarle cara a Mariano Rajoy. Tras exigirle que aplicara el artículo 155 de la Constitución en un plazo de 48 horas y ser ignorado, acaba de presentar una denuncia por “dejación de funciones” a Mariano Rajoy en el Tribunal Supremo. Las reivindicaciones del líder de VOX eran que el gobierno detuviese a Puigdemont y a su equipo por sedición y rebeldía.

Las redes sociales a pesar de que no sirvan de oráculo, sirven para ver hacia donde soplan los vientos. VOX, desde su creación ha sido un partido político minimizado por los mass-media. Ahora ha encontrado un altavoz gratuíto para comenzar a posicionarse mediante de las redes sociales, utilizando éstas como trampolín hacia las televisiones y los periódicos. A base de videos virales (como ese en el que insultan a un defensor de España ante la maquiavélica mirada de Abascal) o de presentarse en los distintos foros de la población partidaria de la unidad de España como garantes de ésta, se ha posicionado como la referencia y la respuesta ante la inacción imperante del Estado Español dentro de los sectores mas (ultra)derechistas. Bien conocidas son sus tácticas que coquetean con el imaginario nacional-católico-español, como el mitin dado tras los atentados de Paris en Covadonga un lugar de profunda carga simbólica.

Mucho han de cambiar las cosas y muy bien ha de maniobrar Santiago Abascal para que su partido comience a tener un peso relevante en el panorama político nacional. Pero su crecimiento es tangible, y ha conseguido que su nombre aparezca en portadas (o al menos en time-lines). Una parte de la población a la que se ha despreciado (la izquierda siempre ha proyectado una venenosa superioridad moral e intelectual) puede recibir a un líder que convierta en legítimas y en atractivas sus reivindicaciones. Estas reivindicaciones, a mi parecer son bastante peligrosas y podrían acercarnos aún más al guerra-civilismo.

Al PP se le ha abierto una pequeña grieta por la derecha. VOX está despegando. Un partido que hace meses celebraba su posición electoral en un sondeo electoral entre alegría y fulgor. ¿El problema? Que era una encuesta de forocoches.

 

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